Juan García



María José González, sesenta años, nacida en San Sebastián, se topó en Magaluf con Juan García, al igual que ella vendedor del cupón y dio comienzo una historia mil veces repetida, pero en este caso sin una abrupta interrupción: "Nos enamoramos", afirma María José, mientras, utilizando el bastón blanco, avanza por la acera de Pere Garau cogida del brazo de Juan García, también provisto del bastón blanco, camino de su colegio electoral.
Juan, extremeño de Salvaleón, tiene sesenta y cinco años, lleva más de cuarenta residiendo en Palma, está ya jubilado, pero hasta el año 2000 fue presidente de la ONCE en Balears. Al matrimonio aportan cuatro hijos, ya mayores. Los dos nacieron sin ser invidentes; hoy únicamente perciben la luz y, María José, "algunos bultos", pero guardan el recuerdo de cómo era el mundo cuando podían ver. "No hay que ser chulos, porque no sabes nunca lo que la vida te deparará", afirma entre risas María José, que ya ha votado en su colegio electoral y ahora acompaña a su marido a depositar su voto en el suyo.
Las protestas y acampadas que han llenado las plazas de las ciudades españolas les parecen "mejor que bien". "Han llegado un poco tarde", dice Juan, "pero más vale tarde que nunca", añade, para analizar que "el paro, la falta de perspectivas de futuro es lo que ha hecho movilizarse a la gente". "Era muy necesario que ocurriera", asegura María José, que interrumpe a su marido para precisar que "les aplaudo, aunque siempre hay que ir a votar, no nos podemos quedar en casa"
Llegamos al colegio electoral de Juan, en la calle Jafuda Cresques. Faltan pocos minutos para el mediodía. El local está literalmente atestado de gente. Sorprende el inusitado ajetreo. Juan se abre paso gracias al bastón blanco que le identifica, se orienta hacia su mesa y reclama la papeleta braille para poder votar a quien ha escogido para el Ayuntamiento de Palma. Sucede que la papeleta braille solo está disponible en las elecciones locales; las correspondientes al Parlament y Consell de Mallorca son las de siempre. Juan se irrita y también le molesta sobremanera que la adecuada a sus necesidades tenga escrito el nombre del partido, "así no hay secreto que valga", afirma, explicando que "lo hacen porque no saben leer braille". "En el sobre de ustedes, los que no son invidentes", se preserva el secreto, en las nuestras no y es algo que ha de solventarse", reitera enfadado. Después le dan las papeletas que ha solicitado y se encamina, sorteando la aglomeración existente, a su urna. El presidente de la mesa le solicita su DNI, lo muestra y finalmente puede depositar su voto. "Ya está, ya hemos cumplido, ahora podemos seguir hablando", afirma al tiempo que salimos del colegio electoral poniendo rumbo a un bar cercano.
Tanto María José como Juan son de los convencidos de que "la crisis es mundial, por lo que el Gobierno no tiene ni más ni menos culpa que otros gobiernos en lo que está ocurriendo". "En lo que sí puede que tenga responsabilidad –precisa Juan– es en que a la banca le ha dado demasiado respaldo. Todos se han volcado en ayudar a la banca –insiste– y también se tendrían que haber tenido presentes otros intereses".
La crítica no les ha inducido a no ir a votar. ¿Por qué? "Porque hay que hacerlo –aseguran convencidos–, porque nosotros (es Juan quien habla) sabemos que tenemos que ir a votar y también tenemos claro por quién debemos hacerlo". "Antes de que empiece la campaña electoral , ya es una cosa decidida".

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