En 1832 Salvaleón producía Rubia



La rubia (Rubia tinctorum), es una planta originaria de Oriente y perteneciente a la familia de las rubiáceas, de cuya raíz se obtiene un compuesto llamado “Alizarina” que fue usado como tinte y que daba un bonito color rojizo. Uniendo este colorante natural con otras sustancias se  lograban diversos tonos que fueron usados en las fábricas de paños de España y de Europa durante muchos siglos.  El advenimiento de los tintes y colorantes químicos hizo que dejara de cultivarse,  y hoy, la Rubia es una reliquia botánica, que aun podemos observar y disfrutar en nuestros pueblos.

          Aunque, como hemos dicho, ya no se cultiva desde hace muchos años, por su baja rentabilidad,  todavía la podemos ver en caminos, cunetas, en huertos y en cercados, ya que sus raíces se extienden año tras año, cual telaraña, por el terreno que ocupan.

Se la conoce también como granza, royuela, o rubia de tintes. Para nuestros mayores es una planta muy conocida, de la cual distinguían la raíz, que nombraban como rubia, y a la propia planta o tallo que llamaban raspa, ya que esta parte aérea tiene una serie de espinas que se adhiere a todo aquello que toca, por eso trepa por piedras y paredes. La rubia, ya era conocida por fenicios y romanos que la usaron   por su gran valor tintorero. Todas las zonas tradicionales de España donde se fabricaban paños como, Béjar, Segovia, Cataluña, La Rioja…utilizaron  este colorante natural para teñir sus afamados paños.

Ya hemos dicho que la parte  de la rubia que se utilizaba, era la raíz, de un color entre rojizo y marrón. Para que la raíz tuviera un colorante de calidad, una vez sembrada había que esperar al menos año y medio para que  fuera lo más gruesa posible, y así diera buena producción. Estas raíces, eran extraídas a golpe de azadón,  y una vez recogidas se secaban al sol o en hornos, para después ser pulverizadas en molinos de piedra, llamados *tahonas.

El producto ya molido se envasaba en sacos para venderlo a las fábricas de paños tanto de Segovia o de otras zonas de España como  de Europa.

Basta con salir al campo y observar en terrenos incultos,  y en cercas de piedra, como crece asiéndose a las paredes. El fruto  de la rubia, consiste en una especie de bayas del tamaño de la cabeza de un agujón, el cual tiene dos semillas y  que cuando maduran adquieren un color negruzco; dicho fruto hace perpetuar y extenderse esta especie tan antigua, que nuestros antepasados tenían en gran estima por su alta rentabilidad económica.

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